Ansiedad infantil
El miedo a la oscuridad, a separarse de sus figuras de referencia o a ir al colegio forma parte del desarrollo, pero cuando se intensifica o se prolonga puede necesitar acompañamiento profesional.
¿Qué trabajamos?
Muchos miedos infantiles son evolutivos: aparecen en una etapa concreta del desarrollo y suelen remitir por sí solos con el tiempo y el acompañamiento adecuado. Otras veces, sin embargo, el miedo se instala, se generaliza a nuevas situaciones o empieza a condicionar la vida familiar y escolar del niño o niña. Trabajamos tanto los miedos puntuales —a la oscuridad, a los animales, a quedarse solo— como cuadros más persistentes, como la ansiedad por separación o la fobia escolar, ayudando a distinguir qué necesita simplemente tiempo y qué necesita intervención.
Cómo se manifiesta
- Llanto, aferramiento o resistencia intensa al separarse de sus figuras de apego.
- Negativa a ir al colegio, o malestar físico recurrente las mañanas de clase.
- Dificultad para dormir solo o pesadillas frecuentes.
- Síntomas físicos como dolor de tripa, dolor de cabeza o náuseas sin causa médica aparente.
- Evitación de actividades sociales, extraescolares o de juego con otros niños.
Nuestro enfoque de trabajo
Adaptamos las herramientas de intervención en ansiedad a un lenguaje y unos recursos propios de la infancia: el juego, el cuento, el dibujo y la psicoeducación emocional son la base para ayudar al niño o niña a identificar y nombrar lo que siente. A partir de ahí, trabajamos de forma gradual la exposición a las situaciones temidas, siempre respetando su ritmo, y entrenamos recursos de calma que pueda usar de forma autónoma. La coordinación con la familia y, cuando es necesario, con el centro escolar, resulta clave para que los avances se sostengan fuera de la consulta.
Cuándo pedir ayuda
Es momento de consultar cuando el miedo persiste más allá de lo esperable para su edad, cuando interfiere con la asistencia al colegio o con la vida social del niño o niña, o cuando los síntomas físicos se repiten sin que la pediatra encuentre una causa médica. Un acompañamiento a tiempo suele facilitar mucho el proceso.
