Terapia para adultos

Terapia psicológica para el estrés laboral

Cuando el trabajo deja de ser solo cansancio y empieza a vaciarte por dentro, puede tratarse de burnout. Te ayudamos a identificarlo y a recuperar el equilibrio entre tu vida laboral y personal.

¿Qué entendemos por estrés laboral y burnout?

El estrés laboral es la respuesta del cuerpo y la mente ante unas demandas de trabajo que se perciben como excesivas para los recursos disponibles. Cuando este estrés se mantiene en el tiempo sin resolverse, puede evolucionar hacia el síndrome de burnout o "síndrome del trabajador quemado": un estado de agotamiento físico y emocional, distanciamiento o cinismo hacia el trabajo, y una sensación de ineficacia, incluso en personas que antes se sentían muy implicadas con su labor. No se trata de "no aguantar" o de falta de compromiso, sino de un desgaste acumulado que necesita ser atendido.

Cómo se manifiesta

El burnout no aparece de un día para otro. Suele empezar con cansancio que no se recupera con el descanso habitual, irritabilidad, dificultad para concentrarte y una desconexión progresiva de tareas que antes te resultaban gratificantes. Con el tiempo, puede sumarse insomnio, síntomas físicos como dolores de cabeza o problemas digestivos, y una sensación de estar desbordada incluso ante tareas sencillas. También es habitual que el malestar se traslade a la vida personal, afectando a las relaciones y a la capacidad de desconectar del trabajo fuera del horario laboral.

Nuestro enfoque de trabajo

Empezamos por evaluar qué factores concretos —de la organización, del puesto o de tu propia forma de afrontar las demandas— están alimentando el desgaste. A partir de ahí, trabajamos estrategias de gestión del estrés y de puesta de límites, revisamos creencias sobre el rendimiento y la autoexigencia que a menudo sostienen el burnout, y abordamos, cuando es necesario, la dificultad para conciliar la vida laboral con la personal. En algunos casos, el proceso incluye también acompañar decisiones más amplias sobre tu situación laboral.

¿Cuándo merece la pena pedir ayuda?

  • Cuando el cansancio no mejora aunque descanses o te tomes días libres.
  • Cuando sientes distancia, cinismo o desmotivación hacia un trabajo que antes te importaba.
  • Cuando te cuesta desconectar del trabajo incluso fuera del horario laboral.
  • Cuando el malestar empieza a afectar a tu salud física o a tus relaciones personales.

Si te sientes identificada con varios de estos puntos, no hace falta llegar al límite para pedir ayuda.

¿Hablamos?

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